Ya os he contado en alguna ocasión que las situaciones más comunes ejercen en mi líbido un efecto devastador. Pues bien, siento especial fascinación sexual por las cajeras de supermercado. No me preguntéis por qué, pero os lo cuento de corazón,
sin miedo al "qué dirán". Desde que apenas era un adolescente e iba a hacer la compra, siempre he soñado con disfrutar de una tórrida pasión acariciado por las manos que pasan los productos por el escaner y besado por los labios que escuchamos decir "veintidos euros con cuarenta", "el siguiente" o "gracias por su visita". Es curioso, pero nunca he sentido la misma pasión por las reponedoras o las carniceras. Tampoco por las camareras de los bares de copas, que suele ser lo más común. Sólo por las cajeras, esas chicas que trabajan en supermercados de barrio, que suelen tener alrededor de veinte años y en las que siempre intuyo una regocijante desnudez bajo el baby o bata que suelen lucir como uniforme. Suelen ser, en muchas ocasiones, chicas delgadas y blancas, cuyo sujetador se ve levemente o se adivina asomando por el escote de pico de su indumentaria laboral. Sin duda, se trata de una bata muchas veces generosa, ya que también en ocasiones suele permitirnos la visión de sus muslos inquietos bajo el último o el penúltimo botón inferior. Y es lógico, las muchas horas de trabajo hacen que estos ángeles del cielo adopten posturas inverosímiles dadas a la discreta o incluso generosa exhibición carnal.
Sin embargo, nunca he conseguido hilvanar una fantasía que me lanzará a desvestirlas, a saborear sus pechos o a estimular su sexo bajo las profundidades del uniforme. Apenas he podido imaginarme revolcado sobre la cinta que transporta los productos, descubriendo unas tetas medianas y firmes, lamiendo sus pezones y ofreciéndole una polla en plena erección ante la atónita visión del resto de clientes que esperaban en la cola. Tampoco he podido verme besándolas profundamente en los labios y apretando con mis manos su trasero desnudo contra mi pelvis. Mucho menos he podido soñar a esa chica cualquiera (se llamaría seguramente, Pepi, Juani, Jennifer o Vanessa) de rodillas, desnuda, chupando mi polla hasta extraerle metros cúbicos de semen. Y mira que he querido tener esa visión una y otra vez , pero no ha habido manera.
Querer follar con alguien y no poder, es terrible, pero no es menos frustrante querer tener una fantasía con alguien y ser incapaz de verla en imágenes y en sensaciones.
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