Quienes pudieron leer mi último post seguro que se quedaron pensando en mí con alguna compasión, como diciendo, "míralo, pobrecito, al final de tanto lío ha tenido que aliviarse haciéndose una paja".
He de decir que esa reflexión no es exactamente cierta o, al menos, no es certera en el cien por cien de las ocasiones. Efectivamente, un buen revolcón es algo que siempre queda en los anales, aunque te lo puedas pegar casi todos los días y con mozas diferentes. De eso no cabe duda. No obstante, quiero reivindicar aquí el excelso valor del onanismo, del culto a una buena paja, se produzca esta a solas o en compañía.
Cuando te masturbas a solas, nadie conoce mejor que tú los ritmos y el mimo que necesita tu excitación en cada momento. Tú mismo, mejor que nadie, sabes cómo y cuánto presionar, la cadencia a la que se ha de mover tu mano y cuánto debes demorar el momento del clímax, dependiendo de cuál sea en ese momento tu estado de ánimo. Por ejemplo, hay veces en las que sólo quieres acariciarte por encima del slip mientras sientes cómo te vas calentando y se dan otras ocasiones en las que necesitas una paja rápida y efectiva.
Cuando es una chica la que te consuela, todo cambia mucho. Sentir su presencia y su tacto en tu miembro es una emoción inenarrable, al menos tan buena como una penetración vaginal o una fellatio, vulgo mamada. Tengo un recuerdo muy cálido y entrañable de esos momentos en los que he podido mirar a los ojos a una chica, acariciar sus pechos y sentir sus manos agitando mi polla o rozando suavemente mis testículos al mismo tiempo. Notar la presión de sus dedos y el flujo sanguíneo, como un torrente, inundando y apretando aún más mi sexo. Lo de poder correrme en sus manos o en su pecho es también algo sin igual, una imagen para recordar toda la vida, aunque lo hagas con frecuencia. La sensación de sentir salir el semen y de notar la firme presión de su mano es algo que muchas veces no puedo ni deseo cambiar por ninguna otra cosa. Por eso, siempre que una mujer me pone, la imagino mirándome con lascivia y desabotonando mi pantalón, para hacer suyo mi pene y tomarlo entre sus manos por largo rato. Como todos, a veces lo consigo y a veces me conformo con esa fantasía. Y me gusta mucho imaginar que todo esto ocurre de forma inesperada, en lugares más o menos públicos y estando ambos a medio vestir o a medio desnudar. ¿Alguien es capaz de despreciar algo así?.
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